miércoles, 16 de septiembre de 2020

AQUELLAS RONDAS INFORMATIVAS !!!


Artículo escrito por PEPE DOMINGO CASTAÑO, comunicador, cantante, escritor, presentador y animador de Tiempo de Juego (Cadena COPE), con 4 premios Ondas

La radio es uno de los grandes altavoces del deporte y, especialmente, del fútbol. Siempre ha sido así. Y lo seguirá siendo muchos años más por los goles de los goles. Llevo desde el año 1988 hipotecando mis fines de semana por el fútbol. Y no me arrepiento de haberle robado a la familia tanto sábado y tanto domingo de libertad. Repaso todas las satisfacciones que me ha ido dando la radio y bendigo aquel instante en que los jefazos de la SER me entregaron la animación del Carrusel Deportivo con todas las consecuencias. El reto era de los que imponen respeto, nada más y nada menos que sustituir a la piedra angular de aquel programa, al increíble e irrepetible Joaquín Prat. Había sido mi ídolo desde que este cuerpo gallego sintió el primer temblor radiofónico y periodístico. Y ese detalle hacía todavía más complicado aquel salto en el vacío de mi vida. Desde entonces, he vivido a tope todo cuanto de fútbol y de deporte ha sonado en este país. No puedo olvidar el primer día, en aquel estudio grande y medio vacío, cuando Joaquín Durán, el Vicente Marco de aquellos años, me puso el capote para que entrase en el ruedo con todas las de la ley, embistiendo como un valiente. Luego, vino Antonio Martín Valbuena, alma grande del baloncesto y de la calma, que me ayudó a creer que no me había equivocado cambiando de tercio en mi carrera, hasta entonces ligada íntimamente a la música. La llegada de Paco González en 1992 marcó el inicio de lo que había de ser, con el paso del tiempo, la gran revolución del Carrusel. Gracias a él, se hizo realidad aquello de que la radio tenía que ser el sonido de la vida. Y los fines de semana la vida era, por encima de todo, la fiesta del gol.  Entonces, los partidos coincidían a la misma hora, sólo uno de ellos se apartaba del horario establecido, que siempre solía ser el más importante de la jornada. Nos acostumbramos a las Rondas Informativas vertiginosas, de campo en campo, de alineación en alineación, de gol en gol, de penalti en penalti, de tarjeta en tarjeta. Era una locura radiofónica que le daba a la radio un ritmo trepidante y feliz. Así estuvimos muchos años, viviendo,  como auténticos enamorados del fútbol, unas largas tardes de audiencia fiel. Pero lo bueno no suele durar demasiado. Un día de 2010, inesperada y dolorosamente, dejamos la SER un grupo de locos por la amistad, siguiendo a Paco González en su adiós a su casa y a su programa de siempre. Nos fuimos con él, sencillamente porque teníamos que irnos con él, a donde fuese. Llegamos a la Cope como elefantes en una cacharrería, más o menos. Más de cincuenta personas irrumpiendo en una redacción como aquella fue un suceso espectacular e inédito hasta entonces en la historia de este medio.  Tengo que decir que los profesionales de Cope nos dieron un  ejemplo muy hermoso de cariño y de emoción cuando llegamos, desde los de abajo a los de arriba, haciéndonos sentir, desde el primer día, que acabábamos de llegar a nuestra casa. Desde entonces, ha sido así, es nuestra casa. Pero con nuestra llegada a Cope llegó también la revolución de los horarios, que se había ido gestando en los últimos carruseles en la SER. La locura de las televisiones dinamitó el orden establecido, se acabaron las rondas informativas, se acabó la radio trepidante, se murió el ritmo del fin de semana, se acabaron los partidos a la misma hora y, en nombre de no sé qué argumentos de audiencia, las radios todas – y la nuestra también – se quedaron sin su sonido característico. Nos ha constado años acostumbrarnos y creo que aún no nos hemos acostumbrado del todo a tener un partido a las cuatro, otro a las seis, otro a las ocho, otro a las diez, y así sucesivamente, y la mayoría de ellos auténticos coñazos de difícil digestión.  Sólo el ir agrupados en el mismo horario les liberaba de la monotonía los había más digeribles. Hemos protestado, hemos pataleado, hemos intentado miles de sugerencias para acabar con esta atonía y ha sido imposible. El argumento, que a  las televisiones les va bien así y a las radios, que nos vayan dando. Cuesta hacer efectiva la publicidad en un Tiempo de Juego de 9 horas, cuesta mantener el tipo alegre y desenfadado durante todo ese tiempo, pero es lo que hay. Y a pesar de que se vacíen los estadios y la gente se canse de tanto fútbol todos los días, y las quinielas se resientan peligrosamente, los que mandan en los horarios seguirán destrozándonos la vida, haciendo interminables y a veces insufribles las que antes eran unas hermosas y locas tardes del fin de semana. A veces, hasta sueño que la cordura se impone y que vuelven los 6 o 7 partidos a la misma hora, a las cinco de la tarde, la hora del fútbol de los domingos, y que Tiempo de Juego es, otra vez, lo que todos queremos que sea, un programa de radio pura,  con el gol como dueño y las rondas informativas como las de entonces  alimentando  todos los sonidos. Lo peor de todo es que me despierto y Julio Iglesias sigue cantándole  a Javier Tebas y compañía que “La vida sigue igual”.

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